Soy contadora pública y hace más de diez años que me gano la vida ordenando los números
de otros. Empecé en el sector público, seguí en empresas industriales y en una constructora,
y durante varios años trabajé en una consultora financiera con una cartera de
dieciséis clientes a cargo. Dieciséis empresas distintas, dieciséis maneras de ganar
y de perder plata, todas sobre mi escritorio al mismo tiempo. Ahí se aprende rápido a
encontrar dónde está el problema.
Entre esos dieciséis había marcas de indumentaria, y con ellas descubrí que el rubro
tiene una lógica propia: las temporadas, las curvas de talles, la plata dormida en el
perchero, la promoción que parecía un éxito y terminó costando dinero. Me quedé
enganchada con esos problemas. Por eso hoy Nácar trabaja solamente con marcas de indumentaria.
Y siempre veo lo mismo: muchísimo talento puesto en el producto, en las fotos, en la
comunidad — y casi nada de tiempo para sentarse a mirar la parte financiera. No porque
no importe, sino porque nunca nadie la explicó de una forma que se pueda usar un martes
a la mañana, entre una entrega y otra.
Eso es exactamente lo que hago. Ordeno la información que ya tenés, calculo lo que
falta y te lo devuelvo en un idioma que podés usar. Sin planillas eternas y sin palabras
raras: si algo no se entiende, lo volvemos a mirar las veces que haga falta.